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    ¡LA AUTOESTIMA EN LAS MUJERES!

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    ¡LA AUTOESTIMA EN LAS MUJERES!

    LA AUTOESTIMA EN LAS MUJERES El término “autoestima”, a pesar de sonar rehusado, sigue teniendo una acepción fundamental porque designa precisamente eso de lo que carecen la gran mayoría de las personas y en concreto las mujeres. Anhelan confianza, seguridad, placer, buenas relaciones, etc…y buscan recursos para disfrutar de su vida que es fuente, demasiado a menudo, de insatisfacción, evidente o encubierta.
    Las mujeres leen manuales de autodesarrollo y participan a cursos sobre autoestima porque verdaderamente saben lo fundamental que es para ellas aprender a quererse más y valerse por lo que son. Se trata de un proceso muy importante en la vida de una mujer el tomar conciencia de ella misma, de lo que cree carecer y de lo que le gustaría reforzar en ella misma. Es la búsqueda de su identidad como mujer. Y muy a menudo a pesar de sentirse atraída por los cambios, enfrentarse a lo que le supone (contactar con sensaciones, darse un espacio propio, descubrir el dejarse llevar, retroalimentarse y expresarse) genera un cierto aturdimiento y más confusión. Colectivamente está muy anclado el pasar de asumir la responsabilidad de ellas mismas a sentirse responsables del bienestar emocional de los demás.
    Convierten gran parte de su potencial (pensamientos, deseos, intuición y ambiciones) en algo “negociable” para responder a la presión de las relaciones, y eso a expensas de su crecimiento. Funcionan por debajo de sus posibilidades y este “destierro de sí mismas” puede manifestarse en forma de síntomas tanto físicos como psíquicos: dolores crónicos, fatiga, apatía, nervios, amargura, insatisfacción, escasa líbido, miedos, ansiedad, depresión, etc…
    La perdida de su Yo, sacrificando la claridad y definición de su identidad así como el no tener control en su vida propia, les genera desdicha y quizás la sensación de vivir al 20 % de su potencial. Se mueven en una gama sin fin de auto exigencias para amoldarse a lo que creen que esperan l@s demás de ellas y pierden su esencia: intuición, sabiduría, creatividad, sensualidad, valores, capacidad de disfrutar y riqueza de expresión.
    Es cierto que la autocrítica y el victimismo son muy corrientes entre las mujeres y eso no les deja enojarse y sacar la rabia contenida. En su lugar se culpan, dudan de ellas mismas y reprimen el enojo. Cada vez que tragan su enojo, hacen caso omiso de las fuentes que generaron dicha emoción. A veces se expresan de una forma ineficaz, sin claridad ni control, reprochando y generando más desaprobación que simpatía en los demás. Es como un círculo vicioso porque dicha desaprobación les vuelve a generar aún más amargura y sentimiento de injusticia. Se sienten atrapadas, presas, encarceladas.

    El despertar de su conciencia como persona y como mujer les lleva entonces a recuperar su autoestima y a:
    • Mejorar la relación con ellas mismas y con l@s demás
    • Aumentar la confianza y seguridad propias
    • Aprender a disfrutar y transmitirlo
    • Reconocer su derecho a ser y existir
    • Fomentar el autoconocimiento y la expresión de su potencial corporal, mental, emocional y espiritual.
    También es cierto que el cambio interno les asusta y les puede generar ansiedad, y es normal. ¡La propia “resistencia a cambiar” es una fuerza formidable! les confronta con lo nuevo, con su momento vital y con muchos miedos (deseos profundos, soledad, ser rechazadas, abandonadas, etc…). Es un estado de crisis interna, que a veces surge sin que lo hayan buscado expresamente y es un reto de la vida misma superarlo.
    Ahora, imagínate una alpinista, escaladora que se aleja del mundo civilizado para ascender una montaña. El reto es grande, comporta cierto riesgo, la confronta con la soledad, la voluntad, el miedo y requiere de mucha fuerza interna. Una novata en la escala a lo mejor no resistiría la ascensión de una montaña muy alta, tendría que volverse y seguir entrenando para lograrlo. Eso mismo es lo que tienen en sus manos, las mujeres. Entrenarse: ir poco a poco descubriendo sus recursos y darles salida, aprender a desarrollar nuevas conductas que les valgan para enfrentarse a los retos y cuando estén confiadas y seguras, ya habrán llegado a la cima de lo que veían como una montaña.
    En este camino, la música, el movimiento, el tacto, la relajación, los cuentos, la creatividad plástica y corporal, la meditación son fuentes inagotables de sensaciones renovadoras y nutritivas. También es necesario un apoyo externo para guiarla, favorecer su darse cuenta y acompañarla para integrar todos sus descubrimientos sobre si. Necesita de un ambiente de confianza donde abrirse y compartir, entender, escuchar y desahogar. ¡En los grupos de autoestima, hay muchas palabras, emociones, risas y lagrimas porque el grupo sirve para suavizar el dolor e intensificar la alegría!
    Con mucho cariño a todas las mujeres inquietas y necesitadas de un cambio…

    Charlotte Mouly. Terapeuta en Gestalt, profesora de autoestima y relajación.




     





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